CUENTO 4. Recuerdos de México lindo y querido. Capítulo 1°.
CUENTO 4
RECUERDOS DE MÉXICO LINDO Y QUERIDO
CAPÍTULO 1°
Encontré en Facebook después de 45 años a un viejo amor de juventud y las lágrimas afloraron en mis ojos pensando utópicamente de lo que pudo haber sido y no fue en ese precioso viaje que hice a México en el año 1.975 donde lo conocí.
Era mi primer viaje fuera de las fronteras de mi Patria y entre emocionada y asustada recorrí ese inmenso aeropuerto en la estación veraniega de Ciudad de México.
Era noche cerrada y no conocía a nadie, parecía una turista veinteañera solitaria y perdida en el inicio de una aventura que no sabía que me traería nuevas experiencias y un nuevo amor a mi vida.
Como mis padres habían viajado antes que yo, hicieron amistad con unos chicos mexicanos quienes les dieron su teléfono y se pusieron a las órdenes para recibirme cuando me tocara viajar a mí. Llamé con muchas expectativas y al responderme uno de los chicos le dije que ya había arribado y muy solícitamente me dijo que le esperara que iba a buscarme.
Cuando nos vimos surgió una chispa de atracción que pronto desencadenaría en un apasionado romance en el gran escenario de la bella capital de Ciudad de México.
Era mi primer viaje fuera de las fronteras de mi Patria y entre emocionada y asustada recorrí ese inmenso aeropuerto en la estación veraniega de Ciudad de México.
Era noche cerrada y no conocía a nadie, parecía una turista veinteañera solitaria y perdida en el inicio de una aventura que no sabía que me traería nuevas experiencias y un nuevo amor a mi vida.
Como mis padres habían viajado antes que yo, hicieron amistad con unos chicos mexicanos quienes les dieron su teléfono y se pusieron a las órdenes para recibirme cuando me tocara viajar a mí. Llamé con muchas expectativas y al responderme uno de los chicos le dije que ya había arribado y muy solícitamente me dijo que le esperara que iba a buscarme.
Cuando nos vimos surgió una chispa de atracción que pronto desencadenaría en un apasionado romance en el gran escenario de la bella capital de Ciudad de México.
Después de todos esos años recuerdo a México, un país hermoso, sin narcotraficantes, sin corrupción, sin violencia. Un país de mariachis, de música, de películas y turismo sano y gratificante.
Qué tristeza que actualmente hasta el turismo se ha tornado peligroso, un país que está en la lista de los más corruptos, donde a diario mueren jóvenes que se han sumergido en el mundo del narcotráfico, donde muere gente tratando de cruzar sus fronteras hacia Estados Unidos huyendo de la desigualdad social y el hambre que los obliga a buscar nuevos horizontes, trabajo bien remunerado y una mejor vida para ellos y su familia.
Cruzan esos vastos desiertos arriesgando su vida donde actualmente hasta un muro han levantado los gringos para frenar el éxodo imparable e incontrolable de esos seres que buscan más allá de sus fronteras una salida al atraso que les impone su gobierno y terminan muchas veces encontrando la muerte.
Siempre recordaré el olor a México, olor dulce de su chile y nopales, de sus tortas y famosos tacos, sus amplias calles, su extensa Plaza del Zócalo llena de tiendas y restaurantes, sus taxis de escarabajo, llamados así a los volkswagen, sus plazas con glorietas, los boleros o limpiabotas en las plazas lustrando los zapatos de sus transeúntes, su gente atenta y servicial y ante todo la acogida y cariño que la familia de mi admirador mexicano me brindaban lejos de mi hogar y de mi Patria.
Nos volvimos inseparables en el poco tiempo que él me podía dedicar ya que trabajaba. Primera vez que conocía un Metro que era mi medio de transporte favorito para no perderme en el centro de esta bella ciudad bulliciosa a todas horas del día. Me buscaba en el hotel en su gran Dodge Dart de esos tiempos de mediados de la época de los años 70 para pasearme por la gran metrópoli mexicana.
CONTINUARÁ...

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